-deaban. Venía tambien, entre otros jóvenes conocidos en el pueblo, uno extraordinariamente gordo, de traje gris rayado y corbata amarilla. A éste todo el mundo lo llamaban “gordo” o “gordito” , familiarmente. Como podría notarse a primera vista, era el gordo oficial del pueblo, y era simpático casi a la fuerza y estaba al corriente de todos los chistes nuevos. Le hablaba de tú a todo el mundo y hacía rápidamente amistad con cualquiera. Su padre era el panadero. Pero su hijo se juntaba con lo mejor del pueblo y, en ocasiones, en compañía de Mario, con lo peor. Por el momento, Gordito no hacía nada. Había tropezado con un curso durante tres años consecutivos y tuvo que desistir a la fuerza de los estudios. Saludó a Mario y le golpeó la espalda protectoramente.
Se hicieron varios grupos y discutieron un poco de algo. Las muchachas parecían muy animadas y gastaron bromas a Mario. Luego empezaron a marchar en dirección al centro del pueblo.
El militar había hecho ahora rancho aparte con una de aquellas muchachas. Era muy conocida en el pueblo, como todas en realidad, y, según la aguda lengua del Maestrón, un amigo común de Mario y Gordito, pertenecía por derecho propio a las efemérides locales. Podía enseñarse al forastero el pueblo, con sus cuatros rincones: el parque, la iglesia, el cine, la playa y el club náutico. La hípica y la piedra del mero … Y Lolita. Lolita era la joven que acompañaba al cadete. Había pasado, en compañía de sus hermanas, por todas las promociones de alféreces que habían caído de guarnición en el pueblo. No habían faltado a ningún baile. No habían dejado de besar a ninguno de aquellos hombres. Habían sido novias de todos. La hermana mayor, la única que había conseguido realizar el sueño de casarse con una botas, pasaba ya los cuarenta años y se había retirado de la circulación. Las otras hermanas no habían tenido esa suerte
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