página 16

016.jpg

De letras de cambio, de manera que cada traje olía a tinta y a vencimiento. El crédito había hecho prosperar a los sastres, que años antes, apenas un cuarto de siglo, se habían estado muriendo poco menos que de hambre. Y la industria textil, adaptándose a las necesidades, había disminuido notablemente la calidad y los precios, puesto que el equilibrio estaba restablecido por el volumen de ventas. Cualquiera que se estimara un poco, prefería ir bien vestido a no tener deudas. Y en el último lustro, un afán de lujo, de brillo, se había extendido más allá de lo que al principio fue sólo la ropa. Las neveras eléctricas habían aparecido en las tiendas del pueblo. Las lavadoras automáticas comenzaban también a venderse. Y las joyerías empezaban a despertar de un cierto letargo, que pudiéramos llamar invernal, y hacían su agosto con las pulseras de oro, las moneditas que servían de colgantes y los relojes. La elegancia y la distinción se concentraban en un bolso de cuero sintético, unas pulseras de oro, una lavadora, una nevera eléctrica, un sello de oro, un buen traje, etc. Los automóviles, como pueblo empobrecido, pertenecían aún al capítulo de los sueños vagos, difícilmente realizables. La gente del pueblo, en general, se conformaba con la forma. Muchos preferían, a ser cualquier cosa, el parecerlo. Pues ser resultaba sumamente difícil, casi imposible. Parecer con el crédito, era mucho más cómodo. Una profunda ola de humanidad invadía el lugar como una marea que se alza incontenible. La línea recta, o distancia más corta entre la nada y la importancia, era la cuerda circense donde todo el mundo andaba haciendo filigranas.
Por todo esto, el conjunto algo frívolo de la prima de Mario, con su falda tan ceñida, no significaba realmente un espíritu frívolo, sino algo todavía más inconsecuente. Más allá de esta inconsecuencia, se extendía el árido campo de la tragedia común.

Vuelos baratos  Buscar hotel Billetes avion e Vuelos Baratos

There are no comments on this post

Leave a Reply